Programa de radio: "SERES SIN ROSTRO"

Algunos de los objetivos de este programa son: reforzar y promover el acceso de las minorías, y los grupos más desfavorecidos en los medios de comunicación

¿Como se llega a la esclavitud?. En Brasil se compran esclavos bolivianos a 300 dólares

Posted by SERES SIN ROSTRO en 7 septiembre 2009

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Escrito por: Roberto Navia

Cuando Rafael Quispe Paco se sentó en el asiento 9 del bus que lo llevó desde Santa Cruz  hasta Asunción (Paraguay) junto a su esposa Angélica Contreras, ningún presagio malo le desordenó el pensamiento. Por el contrario, ese día, 2 de febrero de este año, Rafael se acomodó como un burgués y se puso a contar en su cabeza los 500 dólares que le prometieron pagar por disfrazarse de mascota de una fábrica de plásticos instalada en San Pablo (Brasil).


Atrás suyo iba el hombre que los contrató, ése que tan pronto pasaron la frontera, les dijo que la empresa había quebrado y que debían someterse a otros oficios. Quispe jamás pensó que, de ahí en adelante, él y su compañera perderían su libertad. Fueron encerrados en un garaje de Ciudad del Este (Paraguay), con otros bolivianos y obligados a comer pan duro y carne en descomposición. Veinte días después fueron vendidos en $us 300 cada uno, y enviados a un taller de costura de San Pablo. Allí lloraron y vieron otra gente llorar, fueron testigos de violaciones sexuales y después, cuando estaban al borde de perder las esperanzas, saltaron de la segunda planta de su encierro y caminaron con los pies heridos durante ocho horas, buscando consuelo y socorro.
Rafael Quispe ahora está en Bolivia y decidió contar los detalles de cómo fue verdaderamente infeliz. Esos datos que salen ahora de la boca de este hombre, de 28 años, moreno, delgado y libre, ponen al descubierto que la esclavitud en los talleres de costura sigue creciente y rentable, que existe una mafia que opera desde Santa Cruz, que una persona boliviana en la fronteriza Ciudad del Este y en San Pablo tienen precio, y que hay cientos, o acaso miles de compatriotas que están siendo sometidos día y noche y que aguardan que alguien en este mundo los rescate de ese cautiverio silencioso.
La consulesa de Bolivia en San Pablo, Rosa Virginia Cardona, revela que el 70% de la ropa con la que se visten los 10,2 millones de personas que viven en Sao Paulo, es fabricada por manos bolivianas. Pero ése no es el dato más fuerte que saca a la luz. Desde su oficina ubicada en la avenida Paulista 1439, por vía telefónica dice que todos los días llegan entre ocho y diez buses, cada uno con 45 pasajeros bolivianos cuyo destino ya está escrito: alimentar los talleres de costura clandestinos que hay en el submundo de la metrópolis paulista.
Cardona también sabe que en uno de esos centros de esclavitud estuvo Rafael Quispe y su esposa, y recuerda que un mediodía los vio llegar a su despacho con cara de asustados y arrastrando sus malos recuerdos. Antes de conocer a los esposos Quispe, la consulesa ya tenía conocimiento de mafias que trafican con seres humanos y que se compran y venden como si se tratara de cualquier mercancía. De tanto indagar sobre este tema, Cardona también está enterada de que el 90% de los que llegan en calidad de esclavos proviene de pueblos rurales de Santa Cruz y que la estrategia de reclutamiento consiste en ofrecer falsos paraísos que después se transforman en verdaderos infiernos.
El que no estaba enterado del tráfico de humanos era Rafael Quispe. La vida le había sido difícil desde que llegó a este mundo, el 24 de octubre de 1981. Después de nacer fue llevado a un orfanato y desde los ocho años empezó a vender asaditos en la curva norte del estadio Tahuichi Aguilera. Cuando cumplió 26, un dirigente deportivo le propuso que se convierta en la mascota de Oriente Petrolero y desde hace dos años le viene dando vida a un loro con sombrero de saó que en las tardes domingueras de fútbol corre y alienta a la barra brava bajo un ambiente festivo, de bengalas y cánticos. Fue en el intervalo de un partido, en enero de este año, cuando un hombre se le acercó y le dijo que era representante de una empresa que produce plásticos en Brasil, y que lo quiere contratar para que sea la mascota (un muñeco) de la compañía y que por ese trabajo le pagaría $us 500 al mes; es decir, diez veces más de lo que ganaba. Además, le dijo que a su esposa podía llevarla, porque también le darían trabajo a ella.
Todo se derrumbó cuando llegaron a Ciudad del Este. Ahí, metidos en un garaje donde había otros bolivianos, un hombre les comunicó que estaban vendidos. “Las noches eran un parto con dolor. Sólo podíamos dormir cuatro horas para que otra perona se acueste. Había varias haciendo fila por el colchón”, afirma.
A los 20 días fueron llevados a San Pablo. Recuerda que en esa ciudad los metieron en un taller ubicado en el Barrio Da Peña. Ahí estaban obligados a costurar 500 prendas por día, sin derecho a salario y con el único incentivo de poder salir una vez a la semana, durante media hora, para ir al supermercado, escoltados por dos hombres fornidos que los atormentaban con el siguiente discurso: “Nosotros somos maleantes, si huyes te pegaremos un tiro”.
Los Quispe empezaron a reclamar sus derechos y para evitar que todos se amotinen fueron vendidos por $us 300 a una mujer que tenía un taller en una casa que se encontraba en el barrio Mooca.
Esta historia también la conoce Francisco Javier Tito Maita, que además de ser el presidente de la iglesia Asambleas de Dios Cristo La Roca, curó las heridas espirituales de los Quispe. “A la pareja la encontramos en la calle, deambulando. Estaban asustados y con mucha hambre”, cuenta y también dice que la esclavitud laboral es común en San Pablo y que una vez estuvo en una reunión con la Policía y ahí se enteró que esa institución actúa solamente cuando hay denuncias, pero como las víctimas viven sometidas, no se atreven a abrir la boca.
La que sí se atrevió fue la consulesa Rosa Virginia Cardona, y fruto de las denuncias dice que ahora hay tres personas en la cárcel por el delito de trata de personas. Pero ella sabe que esos hombres que están presos son sólo un pequeño punto en el enorme universo de esclavitud que florece en el submundo paulista.
Rafael Quipe tenía intenciones de denunciar a los que los esclavizaron, pero todo pasó muy rápido desde la fuga, hasta que una línea aérea les regaló los pasajes para volver a su tierra.
El escape fue planificado. Recuerda que con su esposa habían estudiado los movimientos de los escoltas y sabían que a las 4:30 de la madrugada se ponían a cabecear de sueño. A esa hora, los Quispe saltaron de la segunda planta del taller de costura y se fueron rengueando, sin mirar atrás, por las calles de San Pablo, dispuestos a contar sus días y noches de llanto ni bien retornen a casa.

Las heridas y la ley

– Cada año, cuatro millones de personas en el mundo son víctimas de Trata, de las cuales el 50 por ciento son niños y niñas. Este delito, genera anualmente 32 mil millones de dólares de ganancias ilícitas y se estima que en el año 2010 será el principal negocio del crimen a nivel mundial, superando al tráfico de armas y drogas.

– Rafael Quispe tiene en su poder una carta que le entregó el adolescente de 14 años, John Anave Zambrana, sometido en un taller de costura. Está rotulada a nombre de su hermano Walter. Pide a los que conozcan pasarle el dato.

– El boliviano ex esclavo está dispuesto a denunciar lo que le hicieron ante las autoridades, e incluso ir hasta San Pablo para revelar los lugares donde fue tratado en condiciones inhumanas.

– El artículo 281 bis de la Ley 3325 de Trata y Tráfico de Personas señala que será sancionado con una pena privativa de libertad de ocho a doce años, el que por cualquier medio de engaño, coacción, amenaza, uso de fuerza y/o de una situación de vulnerabilidad aunque medie el consentimiento de la víctima, por sí o por tercera persona induzca, realice o favorezca el traslado o reclutamiento, privación de libertad, resguardo o recepción de seres humanos, dentro o fuera del territorio nacional.

La Ley 3325 es un documento dormido
Las autoridades de Bolivia saben que hay compatriotas en condiciones de esclavitud en Brasil y en Argentina, también tienen conocimiento de que el país cuenta con la Ley 3325 para castigar la trata y tráfico de personas y no desconocen que ese delito es considerado de lesa humanidad en el exterior.
A pesar de ello, admiten que desde Bolivia nunca se hizo ninguna gestión para rescatar a las víctimas de los talleres de costura ni sancionar a los esclavizadores del siglo XXI.
El mayor Weimar Campos es uno de los impulsores de la unidad contra la trata y el tráfico de personas que se implementó en 2006 en la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (Felcc) de Santa Cruz.  Desde entonces, dice que se investigaron situaciones ocurridas dentro del territorio nacional, pero que no se hizo nada para frenar a las mafias que trafican con bolivianos. El problema, afirma, es que no existen oficinas en lugares como Puerto Suárez, o Yacuiba, que es por donde sale la ‘mercancía’ humana.
Rosmery Barrientos, fiscal de la Unidad de Víctimas Especiales, coincide con Campos y afirma que los datos que puede aportar Rafael Quispe, el boliviano que escapó de su cautiverio de Brasil, pueden ser el hilo conductor para dar con las mafias que trafican con seres humanos. “Si el señor Quispe se apersona a mi oficina, le tomo su declaración y directamente formalizo mi denuncia ante el consulado de Bolivia en San Pablo para tratar el tema a nivel internacional”, se comprometió

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